La ansiedad de no saber: ¿cómo enfrentamos la incertidumbre?

Hay momentos en que no saber qué va a pasar puede resultar especialmente difícil. Esperar el resultado de un examen médico, no tener claridad sobre el futuro de una relación, aguardar una respuesta laboral o preguntarnos si tomamos una buena decisión son situaciones que tienen algo en común: no podemos conocer con certeza lo que ocurrirá.

La incertidumbre forma parte de la vida. Sin embargo, no todas las personas reaccionamos de la misma manera frente a ella. Mientras algunas pueden convivir relativamente bien con un “todavía no lo sé”, para otras esa falta de certeza puede convertirse en una fuente importante de preocupación, ansiedad y necesidad de encontrar respuestas.

La psicología lleva varias décadas estudiando este fenómeno bajo un concepto particular: intolerancia a la incertidumbre.

¿Qué es la intolerancia a la incertidumbre?

La intolerancia a la incertidumbre describe una tendencia a reaccionar negativamente —a nivel emocional, cognitivo o conductual— frente a situaciones inciertas y a considerar que la falta de certeza puede tener consecuencias difíciles de afrontar.

No significa simplemente que a una persona “no le guste” la incertidumbre. Tampoco constituye, por sí sola, un diagnóstico psicológico.

Más bien se trata de una forma de relacionarnos con aquello que no podemos saber o controlar.

Por ejemplo, ante una situación incierta pueden aparecer pensamientos como:

  • “Necesito saber qué va a pasar.”
  • “No voy a poder estar tranquilo hasta tener una respuesta.”
  • “Tengo que pensar en todas las posibilidades para estar preparado.”
  • “Si no puedo anticiparme, algo puede salir mal.”

El problema no necesariamente está en hacerse estas preguntas. Muchas veces son completamente comprensibles. La diferencia puede estar en cuánto necesitamos resolver la incertidumbre para poder sentirnos seguros.

Cuando buscar certeza empieza a ocupar demasiado espacio

Frente a la incertidumbre solemos intentar recuperar cierta sensación de control.

Podemos buscar más información, preguntar a otras personas, revisar una situación varias veces, imaginar distintos escenarios o intentar anticiparnos a lo que podría ocurrir.

Estas estrategias no son necesariamente problemáticas. De hecho, muchas veces son útiles.

Sin embargo, pueden comenzar a generar dificultades cuando se vuelven repetitivas o cuando sentimos que necesitamos alcanzar una certeza prácticamente imposible antes de poder actuar.

Una persona podría, por ejemplo:

  • revisar reiteradamente mensajes esperando encontrar alguna señal sobre lo que otra persona piensa;
  • buscar una y otra vez información sobre un síntoma físico;
  • pedir repetidamente a otros que confirmen que tomó una buena decisión;
  • imaginar múltiples escenarios negativos intentando estar preparada para todos;
  • postergar decisiones porque siente que todavía necesita más información;
  • evitar situaciones cuyo resultado no puede anticipar.

En estos casos puede aparecer una paradoja: cuanto más intentamos eliminar completamente la incertidumbre, más importante parece volverse obtener certeza.

¿Qué relación tiene con la ansiedad?

La intolerancia a la incertidumbre comenzó a estudiarse especialmente en relación con la preocupación y el trastorno de ansiedad generalizada. Con el tiempo, la investigación ha encontrado que también se relaciona con síntomas presentes en distintos problemas de salud mental.

Un metaanálisis que reunió 181 estudios y más de 52.000 participantes encontró asociaciones entre intolerancia a la incertidumbre y síntomas de ansiedad generalizada, ansiedad social, pánico, trastorno obsesivo compulsivo, depresión y otros problemas psicológicos.

Investigaciones más recientes continúan mostrando una relación particularmente importante entre intolerancia a la incertidumbre y preocupación.

Pero aquí es importante hacer una distinción.

Encontrar una relación entre dos fenómenos no significa que uno necesariamente cause al otro. Tampoco significa que una persona que tolere mal la incertidumbre vaya a desarrollar un trastorno psicológico.

Actualmente se estudia la intolerancia a la incertidumbre como un posible proceso transdiagnóstico: una característica psicológica que puede estar presente en distintos tipos de dificultades emocionales, aunque su relevancia y funcionamiento pueden variar entre personas.

¿Por qué preocuparnos puede hacernos sentir que estamos haciendo algo?

La preocupación suele aparecer precisamente cuando existe algo que todavía no podemos resolver.

Pensar repetidamente en lo que podría ocurrir puede generar, al menos momentáneamente, una sensación de preparación:

“Si pienso en todas las posibilidades, quizás pueda evitar que algo malo ocurra.”

El problema es que muchas preguntas sobre el futuro no tienen una respuesta disponible en el presente.

Podemos analizar posibilidades, tomar precauciones razonables y buscar información. Pero llega un punto en que seguir pensando no necesariamente produce nuevos datos.

En ese momento, la preocupación puede dejar de ser una estrategia para resolver un problema y convertirse en un intento de obtener una certeza que todavía no existe.

Entonces, ¿hay que aprender a “aceptar que todo puede salir mal”?

No.

Tolerar la incertidumbre no significa resignarse, ignorar riesgos ni dejar de planificar.

Existe una diferencia importante entre resolver aquello que sí podemos resolver y tratar de eliminar cualquier posibilidad de que ocurra algo inesperado.

Podemos prepararnos para una entrevista laboral sin saber si conseguiremos el trabajo.

Podemos cuidar nuestra salud sin poder garantizar que nunca enfermaremos.

Podemos conversar sobre una relación sin tener certeza absoluta sobre cómo evolucionará.

Podemos tomar una decisión con la información disponible aun sabiendo que no existe una manera de conocer de antemano todas sus consecuencias.

En otras palabras, tolerar la incertidumbre no implica dejar de buscar respuestas. Implica también reconocer cuándo una respuesta todavía no está disponible.

¿Se puede trabajar en psicoterapia?

La intolerancia a la incertidumbre ha sido incorporada en distintos modelos de tratamiento psicológico, particularmente en intervenciones vinculadas a problemas de ansiedad y preocupación excesiva.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024 examinó 22 estudios con 1.491 participantes para evaluar si la psicoterapia podía producir cambios en intolerancia a la incertidumbre.

Los resultados mostraron reducciones importantes cuando las intervenciones se compararon con grupos que no recibían una intervención activa. Sin embargo, cuando se compararon con otros tratamientos activos, las diferencias no fueron concluyentes.

Esto significa que existe evidencia de que la intolerancia a la incertidumbre puede cambiar durante procesos psicoterapéuticos, pero todavía se investiga qué estrategias son particularmente eficaces, para quiénes y en qué circunstancias.

En terapia, el trabajo puede incluir aprender a reconocer los intentos constantes de obtener certeza, diferenciar problemas que pueden resolverse de aquellos que requieren esperar, revisar determinadas creencias acerca de la incertidumbre y desarrollar gradualmente una mayor capacidad para actuar aun cuando no conocemos completamente el resultado.

No necesitamos saber exactamente qué va a pasar para poder avanzar

Quizás una de las dificultades de la incertidumbre es que nuestra mente suele presentarla como un problema que todavía no hemos resuelto.

Y algunas veces efectivamente podemos hacer algo: buscar información, conversar, planificar, pedir ayuda o tomar una decisión.

Pero otras veces hemos llegado simplemente al límite de lo que podemos conocer en ese momento.

Entonces aparece otro desafío: seguir viviendo mientras la respuesta todavía no llega.

No se trata de sentirnos cómodos frente a cualquier incertidumbre ni de dejar de preocuparnos por aquello que nos importa.

Se trata de desarrollar suficiente flexibilidad para poder decir:

“No sé exactamente qué va a pasar, pero puedo decidir qué hacer ahora.”


Sobre la evidencia

Este artículo se basa en investigación científica sobre intolerancia a la incertidumbre, preocupación, ansiedad y psicoterapia. La intolerancia a la incertidumbre es un constructo psicológico estudiado durante más de tres décadas y no constituye por sí mismo un diagnóstico clínico.

Referencias

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Este contenido tiene fines educativos y de divulgación y no reemplaza una evaluación o atención psicológica profesional.

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